El padre Juan Carlos fue el Confesor en la Corte de Sales por ser el confesor personal del Barón Bernat Arnau III de Sales y su esposa Garidaina de Sales y de Montagut.
El padre Juan Carlos nació en un pueblo pequeño cerca de Zaragoza y a muy temprana edad entró en la Santa orden del Císter (Sacer Ordo Cisterciensis, S.O.C.) y fue ordenado en Lleida. De allí le viene su peculiar acento.
Desde ese entonces, hasta que llegó a la corte de Sales, poco se sabe, ya que el Confesor, título con el que se le conoce en la corte, es muy reservado de su vida dentro de la orden, como manda la Regla del Císter.
Lo que sí se sabe es que a lo poco de su llegada pasó unas semanas en el Sant Sepulcre de Palera y después de irse de allí, al cabo de poco tiempo fue introducido en la corte de Sales bajo los auspicios del aún vivo Obispo de Girona, En Ramon de Palafolls en abril de 1216.
El padre Juan Carlos era grande y robusto, como un pequeño oso, pero con un gran corazón y piedad ha conquistado los corazones de la corte de Sales. Y se ha convertido en el Confesor del Barón y también, extra oficialmente, en su otro consejero a parte de N’Udalric de Torralles. Esto ha provocado alguna discusión entre los dos, y en esas discusiones el padre Juan Carlos ha mostrado que también puede ser duro, e intimidatorio.
Estas discusiones entre N’Udalric y Juan Carlos han contribuido a que el primero se haya ganado cierta enemistad dentro de los nobles que más se mueven en la corte de Sales, que ya de por sí tienen cierta envidia de su proximidad con su Barón, quien le tiene la mayor confianza.
El padre Juan Carlos también ha sustituido en ocasiones al padre Baptista Montsunyer cuando el amado padre ha tenido que ausentarse de sus obligaciones. De esta forma el padre Juan Carlos ha podido adoctrinar a la plebe de Sales con la visión innovadora del Císter sobre Dios Nuestro Señor. Pero sus creencias férreas con la Regla del Císter, ha provocado en alguna ocasión alguna grave reprimenda de este contra algún feligrés distraído con sus obligaciones cristianas. Estas reprimendas cuando han llegado a oídos del buen padre Baptista Montsunyer han desembocado en alguna discusión teológica entre los dos padres.
En la corte el Confesor era muy amado por los nobles que muchas veces le piden consejo o a veces aprovechan para confesarse con él, sí dispone de tiempo. También ha cumplido órdenes directas del Barón para mirar de resolver problemas, entré dos rivales o partes enfrentadas. Incluso se le ha enviado alguna vez como emisario a la Casa Bellpuig para resolver los problemas entre los Bellpuig y el Barón En Bernat Arnau III. Pero no ha sido recibido ni por En Guillem Arnau, ni por su hermano En Guerau Damià o por la pubilla Na Sibila.
Por desgracia, en 1224 el buen padre murió en un extraño incendio en su estancia y murió calcinado. Dios lo tenga en su gloria al buen padre.